Abadía de Sénanque y Gordes, Francia

 Gordes y sus alrededores. 
Estamos en el corazón de la Provenza y, probablemente este sea uno de sus sitios más representativos.
Se trata de la Abadía de Sénanque,
una abadía cisterciense donde todavía habitan unos simpáticos monjes que te reciben a la entrada.
La abadía, del s. XII, está rodeada de preciosos campos de lavanda.

 Desde la abadía, nos ponemos rumbo al pintoresco pueblo de Gordes.
Quizás sea uno de los que más encanto tenían de los que vimos en nuestro súperviaje.

 Con el sano espíritu cotilla, característicos de los niños,
nos disponemos a descubrir cada rincón de este pueblo
situado en lo alto de un cerro que permite observar el paisaje provenzal.

 Gordes es un pueblo muy mimado, lleno de detalles.
En uno de sus hoteles, como el de la imagen, te reciben con la vestimenta tradicional.

 Es un rincón muy turístico, donde se pueden degustar toda la gastronomía típica de la zona.

 Y sus calles están preparadas para pasear, o son peatonales, o apenas hay tráfico.
Eso sí, hay cuestas, escaleras y adoquines.
Por lo que si llevamos bebé es aconsejable portear.

 Al caer la tarde, el pueblo va llenando sus terrazas y se vive un ambiente acogedor.
Hasta la iluminación hace que aumente su encanto.
Tuvimos la suerte de vivir luna llena desde lo alto de este pueblo.

 Al día siguiente, amanecemos dispuestos a disfrutar de uno de los mayores placeres de los 7:
ir al mercadillo a comprar fruta y aprender de las cosas típicas de la zona.
Poder preguntar de todo a los comerciantes para aprender más de este lugar.

 El producto estrella... La lavanda.

 Pero aquí había gustos para todos. Quesos...

 Aliños típicos de la Provenza.

 Sus bonitos melones verdes por la cáscara y naranjas el en interior,
hacen que por el mercadillo se perciba un olor dulce delicioso.

 Picante...

 Confituras de todos los sabores imaginables...

 La fruta, preparada con el mismo mimo con el que nos están tratando. 
Si hay algo que agradecer en estos mercadillos,
es que siempre tienes algo de fruta deliciosa que tomar a modo de chuchería.
¡Pero mucho más sano!

 Y por supuesto, jabones...

 Y kilos y kilos de lavanda,
de la que nos trajimos para la tienda nuestra.

 Nos encanta observar cómo disfrutan los peques con cosas tan sencillas,
cómo les brillan los ojos disfrutando con lo pequeño. 
Pero sobre todo, cómo se hacen entender sin saber nada de francés y preguntan lo que quieren saber.

 En uno de sus pintorescos callejones. sin darnos cuenta,
nos encontramos con el panadero del pueblo.
No podemos entrar al horno pues está recién encendido,
pero desde la ventana nos enseña cómo amasa los distintos panes y bollos,
que luego degustaremos con un rico bocadillo.

 Gordes nos ha enamorado.
Como en toda la región, es una gozada la amabilidad de sus habitantes.
Y nos despedimos contemplando el precioso paisaje de la Provenza,
guardando en la retina estos momentos mágicos vividos en familia.

Gracias Gordes,
gracias especialmente a los monjes de la Abadía de Senanque por su acogida.
Algún día volveremos seguro.

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