Avignon y Museo de la Lavanda, Francia

Avignon, Avignón, Aviñón...
La ciudad de los Papas, patrimonio de la humanidad. 
Monumental, acogedor.
Comenzamos nuestra visita a orillas del Ródano, disfrutando de un rico picnic. 
Observando la panorámica de la ciudad que vamos a conocer. 
Soñando y conversando sobre lo que nos podemos encontrar. 
Según va avanzando nuestro viaje, nos vamos quedando más enamorados de la Provenza.

Nos adentramos en esta monumental ciudad atravesando la muralla
que la rodea del s. XIV y que se conserva perfectamente.

Avignon es una ciudad llena de monumentos en perfecto estado de conservación. 
Además, en su casco antiguo hay muy poco tráfico
y permite pasear con tranquilidad por todos sus rincones.

Disfrutamos de sus iglesias, de sus palacetes. De sus calles medievales. 
De imaginarnos caballeros y doncellas de otra época e imaginar cómo fue la vida 700 años antes.

Cualquier rincón es precioso, pero lo que más llama la atención en esta ciudad,
desde que te vas acercando, es la gran mole del palacio papal "Palais des Papes",
que casi hace pequeña a su catedral.

Es imponente su altura, su grandeza, su belleza. Hoy en día hecho museo.
 Curioso imaginar que fuera residencia de los papas,
cuando identificamos a nuestro Papa en Vaticano, tan lejos de esta ciudad.

Paseamos por la Plaza del Palacio, un lugar con mucho ambiente: música, cuadros...

Estamos encantados de conocer esta ciudad. 
Disfrutando de cada rincón y de la amabilidad de la gente que nos cruzamos.

Y cómo nos encanta saborear dulces típicos de la zona.
Probar sus nougats y merendar unos riquísimos crepes con azúcar que reponen fuerzas.

Disfrutamos de los olores y los colores de la Provenza.
Nuestros hijos han aprendido un pequeño truco para conocer los sitios a los que vamos,
a parte de ir a la oficina de información turística:
observar las postales y mirar de dónde son.

Nos encantan los escaparates con color y olor.
Este expositor de jabones artesanos nos chifló.
Este tipo de recuerdos son los que nos llevamos
pues con los cinco sentidos volvemos de vez en cuando a recordar estos viajes.

De vuelta al coche, ponemos los ojos en esta enorme noria.
No funcionaba estos días,
pero debe ser maravilloso contemplar la ciudad de Avignon desde su altura.

Es una ciudad amurallada, entramos para conquistarla,
pero ella nos ha conquistado a nosotros.

Tras la visita a Avignon, seguimos conociendo la Provenza.
Viajamos con calma, sin medir el tiempo. 
Vamos parando para aprender de todo lo que se cruza en nuestro camino y nos llama la atención.
Como dice el Dalai Lama:
"Una mente en calma trae fuerza interior y confianza en uno mismo,
por eso es muy importante para la buena salud".

Parada obligatoria para conocer la Provenza: Museo de la Lavanda.

En él puedes conocer su historia, sus tradiciones. 
Aprender el origen y lograda fama de este territorio.

Un museo en el que no sólo te permiten ver, sino tocar, oír y oler.

Aprender de la destilación del aroma de la lavanda,
del cuidado del campo, del amor a la naturaleza.

Conocer antiguas máquinas, inventos que ayudaron al hombre.
A nuestros hijos les encanta inventar cosas,
y poder observar máquinas a fondo es un regalazo que no pueden desaprovechar.


La lavanda es una planta muy especial, como la Provenza.
Y conocer el Museo de la Lavanda ha sido divertido e instructivo.

Cerramos esta etapa enamorados de estas tierras, con muchas ganas de seguir conociendo. 
La Provenza se ve, se saborea, se huele, se toca.
Se vive con tal intensidad que siempre estará en nuestro recuerdo.

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